La construcción del aparato represivo

Guillermo Carlos Delgado Jordan

Por Guillermo Carlos Delgado Jordan

Aventurarse a comparar dos momentos históricos es una empresa, como mínimo, aventurada. ¿Pero de qué serviría entonces el estudio de la Historia? Repasando la trillada muletilla que expresa que el no conocer el pasado nos condena a vivir nuevamente sus errores, emprendemos entonces este pequeño análisis de dos procesos, a sabiendas de su primaria dificultad dado que uno ya sucedió mientras que el otro se encuentra actualmente en proceso.

Conocedores de ésto presentamos, entonces, para un análisis (no superfluo pero si acotado a los límites que impone un artículo de tipo periodístico) de dos momentos de la Historia Argentina: la Dictadura Cívico-Militar (1976-1983) y el actual gobierno de Macri desarrollado a partir de diciembre de 2015. La hipótesis sería: “La imposición de modelos económicos destructivos conlleva para su implementación la construcción de aparatos represivos”.

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Las confluencias entre el modelo de Martínez de Hoz y el actual son notorias. En aquel momento el ministro dictatorial explicaba que “hemos dado vuelta una hoja del intervencionismo estatizante y agobiante de la actividad económica para dar paso a la liberación de las fuerzas productivas”, anticipando lo que sería el retiro del estado en la regulación de la economía y la subsiguiente apertura al capital extranjero especulativo. El no intervencionismo de Cambiemos en los mercados (salvo los actuales manotazos preeleccionarios para evitar la disparada del dólar) y la especulación vía Lebacs nos rememoran las palabras de Martínez de Hoz.

De igual manera sucede en los hechos con el desmantelamiento de los controles de precios, la reducción de las retenciones a la exportación, la liberalización cambiaria y la apertura comercial, puntales para la destrucción de la pequeña y mediana industria, el aumento de la desocupación y la debilitación del mercado interno.

Mención especial merece el endeudamiento externo. La explosión de arribo de capitales durante la Dictadura ha sido superada con creces en estos casi dos años de gobierno macrista que parece vislumbrar en el futuro cercano un ahorcamiento financiero y una vuelta a las políticas directrices del FMI.

Como en el pasado, las consecuencias del modelo son las mismas: desinversión industrial, crecimiento de los índices de desocupación, precarización laboral y caída del consumo. Todo esto, lógicamente trae aparejado un creciente malestar en la población, entrando así en nuestro análisis, la segunda parte de nuestra hipótesis de trabajo: la construcción del aparato represivo.

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Pero aclaremos que para lograr dicha construcción no basta en sí mismo el organismo represor. Para que sea victoriosa, en primera instancia debe construirse sobre el conjunto de la población la justificación de la misma. Veamos algunos puntos de encuentro entre ambos modelos, sin perder de vista que, sin duda, estamos comparando un modelo dictatorial con un gobierno elegido por el voto de las urnas.

– Algo habrán hecho: esta frase, gestada durante la Dictadura, simbolizaba el miedo, el odio o la ignorancia de sus interlocutores. Su uso (común ante el espectáculo o la noticia de la detención de una persona por parte de las fuerzas militares) justificaba las atrocidades. Hoy día, digitados por información subjetiva o un odio visceral, exponemos juicios ligeros en los temas de agenda sujetos a una complicidad pasiva con la negación del principio de inocencia, las cuales exploran un abanico tan amplio que pueden abarcar desde la corrupción de los miembros del pasado gobierno hasta el accionar de los mapuches en la patagonia. Algo habrán hecho, parecemos repetir.

– No te metas: era ésta otra frase por excelencia de los tiempos de la Dictadura. No te metas simbolizaba “quedate afuera”, intentando ubicarnos en una suerte de universo equidistante tanto de la Dictadura como de los que luchaban contra ella, autoconvenciéndonos de ser parte de un auditorio que podía salir indemne de la disputa que se presentaba ante nuestros ojos, alejándonos así del compromiso. Ante el “odio” al kirchenrismo de importantes sectores de la sociedad y la “desilusión” de votantes espontáneos de Cambiemos, vuelven a surgir expresiones en la calle como “son todos iguales”, alejándonos así de nuestro necesario rol dentro del contrato social, escapando a la responsabilidad de decidir.

– No hablemos de política: de la mano de las anteriores, durante el Proceso fuimos sometidos a un lavaje mental que llevaba a gran parte de la sociedad a rehuir los temas políticos en un intento especulativo de alejarnos de la realidad, de evitar confrontar. Odios y desilusiones parecen combinarse hoy para hacernos transitar el mismo camino sin volver a entender que las transformaciones se originan desde el mismo seno de la política y que ese alejamiento que se busca imponer apuntando a los sentimientos, no es más que la premeditada búsqueda de nuestra natural apatía, de que dejemos las decisiones que afectan a nuestras vidas en otras manos.

– El rol de los medios de comunicación: así como durante la Dictadura la prensa hegemónica actuó como protectora de la realidad, presentando una Argentina de ficción a los espectadores, hoy día los mismos medios (potenciados en su concentración por el actual gobierno) ponen en marcha un proceso de influjo discursivo al que no sólo la población, sino también la oposición política, se ve impedido de sortear. El taladramiento mediático es tal que la agenda noticiosa oficial acapara y determina las líneas oratorias de los argentinos, llevándonos a ocupar nuestro acotado tiempo en repetir o confrontar lo que dicha agenda determina.

A estos puntos expuestos debemos sumar, entre otros, sin duda:

– la desaparición de Santiago Maldonado y el discurso oficial plagado de esquivo, buscando, como en épocas dictatoriales, “la construcción de un enemigo”;

– las millonarias inversiones del Ministerio de Seguridad en la compra de elementos represivos;

– la presencia de gendarmería en ámbitos laborales (Pepsico, Creta Roja, etc.);

– el ataque a las Madres de Plaza de Mayo;

– la detención de Milagro Sala;

– el avasallamiento ejecutivo sobre el poder judicial.

En síntesis, desde lo operativo y desde la construcción sobre el imaginario popular (salvando las distancias), nos encontramos encaminados a un nuevo “tiempo oscuro” de nuestra historia. El rumbo económico elegido por el gobierno de Cambiemos, de no torcerse, generará un malestar cada vez más generalizado en la población. Para hacerle frente, la represión, parece ser, es el camino que buscan transitar desde el gobierno.

Los elementos ya han sido preparados y los medios hegemónicos trabajan día a día para alejarte de la realidad, para que no decidas, para que no te metas, que algo habrán hecho.

Pero no escapes a tu compromiso. Decidí y votá.

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Fuente: http://www.gazetajudicial.com.ar

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