El misógino machismo Mitre

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Por Mónica Macha
Un editorial del diario de la familia Mitre documenta el machismo más rancio al etiquetar al cupo femenino como “discriminador” hacia los hombres. La Nación siente que los derechos de los hombres son afectados con la llegada de las mujeres al Parlamento y brega por eternizar la desigualdad.

El pasado domingo 9 de julio el diario La Nación volvió a la carga contra las mujeres para justificar (y reproducir) la desigualdad de género. La nota, sencillamente, se llamaba “Los cupos femeninos no son necesarios”. Sabemos que el diario de la familia Mitre no da vueltas, no necesita eufemismos ni dar grandes rodeos para decir lo que quiere instalar. Las mujeres, según la nota, debemos ganarnos nuestros cargos por “idoneidad” y no por cupo ni paridad. Es decir, si antes de la vieja ley de cupo no había ni una sola mujer en cargos electivos era, simplemente, porque en la sociedad no existía ni una sola mujer idónea. Una buena época del patriarcado, sin lugar a dudas. El discurso sobre la idoneidad es falso pero además oculta las desigualdades y violencias de distintos órdenes que las mujeres sufrimos. Desconoce y borra de forma deliberada las condiciones sociales, la opresión del machismo, las formas históricas de obstruir el acceso de las mujeres a los espacios de poder.

El artículo machista de La Nación no tiene desperdicio: empieza aludiendo a la constitución, a la igualdad jurídica de todas las personas y una serie de lugares comunes anquilosados que justifican la dominación y la exclusión de las mujeres. Luego hace un recuento de los países que avanzaron en la paridad para concluir parcialmente que “Es difícil cuestionar que siendo las mujeres la mitad de la población, no alcancen una proporción de representación semejante en los parlamentos”. Según esta mirada, casi que las mujeres debiéramos agradecer que nos dejen participar en política.

Donde nosotros y nosotras vemos igualdad en la representación y fortalecimiento de la democracia, ellos ven discriminación. Claro ejemplo de cómo procede y opera el discurso dominante del patriarcado en la sociedad. No se trata de discriminación ni positiva ni negativa sino de garantizar una representación igualitaria. A partir de la ley de paridad que se aplica en la provincia de Buenos Aires y cuyo espíritu se ve reflejado en la confección de las listas nacionales de Unidad Ciudadana podemos conseguir que ya no haya predominio en los cargos y en el ejercicio del poder ni por parte de los varones ni de las mujeres. Queremos una sociedad igualitaria y un parlamento que representa esa igualdad.

La discusión sobre la capacidad está ligada al machismo. En primer lugar es necesario ubicar que la pregunta por la idoneidad nunca es dirigida a un varón que va a ocupar un lugar en una lista para cargos electivos. Es un cuestionamiento que se reserva exclusivamente paras las mujeres y que encubre una profunda estigmatización que asocia mujer a falta de capacidad para ejercer un cargo. En segundo lugar, es necesario discutir que entendemos por formación. Y en este punto nuestra postura es clara y amplia, no nos referimos solo a cuestiones de formación técnica cuya importancia todos/as conocemos, sino también a la formación política, el compromiso ideológico, la representación territorial, el recorrido realizado en el campo de acción y la historia de militancia social.

Está claro también que lo que le molesta a La Nación no es solo que ahora las mujeres ocupen en igual medida que los varones los cargos de poder sino que esto le hace lugar a las mujeres de los sectores populares que van a llevar su lucha a esos espacios donde históricamente han estado censuradas. Es decir, no se trata solo de una actitud machista sino también de un fuerte desprecio de clase.

Es común escuchar que no tendría que haber ninguna ley de cupo y que las mujeres ocupemos todos los lugares que queramos sin importar el porcentaje. Este argumento fuertemente arraigado en el sentido común lo que pierde de vista es que las legislaciones producen prácticas, generan el espacio para que algo que antes no tenía lugar ahora lo tenga. Sin el cupo de género podemos estar seguros y seguras que en una sociedad dominada por el patriarcado no habría una sola mujer en ningún cargo. Y esto no se debe a su capacidad o preparación sino a las condiciones sociales y políticas que excluyen a las mujeres.

Y una última observación. Algo de los que podemos estar seguros y seguras es que cada vez que leamos “esposas de” en lugar de nuestro nombre o que diga “cupo femenino” en vez de hablar de paridad de género, estamos sin dudas frente a un discurso misógino y conservador.

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Fuente: http://www.gazetajudicial.com.ar

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